Pol Olivella (3)

Santa Águeda


La esquina de un mundo engañoso

me tiene acorralado, enyomismado.


La caoticidad que me rodea

me desconstituye,

me absorbe en un grito estremecedor

que me asusta y me completa.


Abandonado al todo y a la nada,

de mi opresión en el pecho,

me entrego a mi propia mentira

e ilusión,

que me tiene solo, suyo, anulado del resto;

de lo que fue.


Mi cuerpo resta aquí,

queriéndose deshacer,

y mi mente vuela, se va, y muere.


La insignificancia de un momento que termina

es la negación de su propia existencia.

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