Oscar Lozano (3)

Foc

Res no surt bé, res no funciona.

No hi ha llum que ompli les cavernes,

no hi ha antídot possible 

per a l'amargor que sento a la gola.

 

Ets tu, oh deessa incontrolable,

tu, fortuna, que gaudeixes

del patiment dels teus vassalls.

Avui t'he vist, t'he vist completament nua,

amb els ulls d'aquella a qui estimava,

amb la mirada maligna de l'atzar...

 

M'has guanyat, univers;

flueix, sí, flueix amb tota llibertat dins meu!

Omple aquest rovell de la fúria

que tant t'agrada inculcar,

omple'l de violència!

Crema'l!

Converteix la humanitat en cendres,

i quan l'únic restant sigui la pols gelada,

sigui el pols inexistent,

deixa'm morir

sota l'aparença d'una vida monòtona.

 

Deixa'm ser tan sols un més

dins d'aquest bosc d'homes podrits

i jo deixaré d'invocar-te,

deixaré d'introduir-me a les tenebres

buscant la manera de fugir de l'infern.

 

Aquí tens el meu cor,

encara sagnant 

després de tantes batalles.


Daniel Horth

Llego al lugar deseado, al que me dará respuestas y me llevará

al mundo interior.

Entonces me pregunto ¿por qué?

¿Por qué he buscado un lugar aislado?

¿Por qué quiero estar solo?

¿Por qué creo que estar solo me va a ayudar?

 

Porque

si no escribo,

si no lo pruebo,

puede que me este perdiendo algo importante: muchas verdades.

¿Por qué escribo esto?

Pretendo encontrar, comprender, agarrarlo, hacerlo mío…

¿Qué es la poesía? ¿Para qué sirve?

Releo, pienso, medito sobre las palabras.

Quiero encontrar lo indefinido.

Entonces… ¡lo encuentro!

Agarro una diminuta fracción… intento darle sentido, materializarla, plasmarla…  

 

EL MOMENTO 

 

¿Es el instante, el paisaje y la reflexión la verdadera poesía?

Miro y disfruto 

Alba Giró (2)

I de sobte, tot i que en el fons ja ho sabia, em sorprens, em fas teva, m'atrapes entre els teus braços. Em paralitzo, però cremo, m'evaporo. I tu em busques, i els meus batecs cada cop més ràpids. Segueixo sent de pedra, i tu aigua que em regalima pel coll amb tendresa. El mon desapareix i només sento el ritme de les meves emocions confoses, la calor del teu cos. I em segueixes buscant, poc a poc, com si fos de vidre. Vull fugir però aquí els únics que corren son els nostres cors, que segueixen colpejant amb força. Finalment dubtes, el temps s'atura, viatja entre nosaltres i et resignes, suaument, deixant-me un rastre humit i salat a la galta. Marxo, encara sense respirar, i segueixo el meu camí, amb la mirada perduda, sense girar-me, l'ànima encongida i la gravetat aterradora que em reté en la boira d'aquest vespre.

Pol Olivella (2)

Minuciosament busco en l’aire

el teu aire,

com besar una orquídia silvestre enmig d’un prat.

El teu aire

m’acaricia la cara i se’n va,

i torna,

construint un joc cruel,

bufetejant-me com l’aixecament del mar,           

furiós

i consolant-me dòcil,

sabent-me vulnerable.

 

Quan em desempara

se’m glacen les galtes

en una petita                     mort,

fins que l’alè retorna,

el teu aire,

com petites gotes de gebrada tèbia

que es condensen.

Lentament,

entro jo també dins teu

com ho ha fet l’aire,

el teu aire,

sufocant.

 

Llençols que m’embolcallen

impregnats de la teva olor,

la teva silueta,

tornant-me a la innocència del que fou principi.


I mentre sento els teus llavis carnosos i vius

jo m’hi trobo

i et sento,

al teu aire.

Mar Romero (3)

Me ha entrado el mar por los ojos y yo sin enterarme.

No sé cuándo fue, supongo que me ha venido entrando desde que dejaste de ser, porque dejaste de ser incluso antes de morir.

Quizás el agua que llevo yo ahora es la que se te salió a ti cuando llegaste al cielo.

Seguro que no te gusta el cielo. No te dejarán fumar tu pipa de la tarde, ni escribir a máquina. "Demasiado ruido", te dirán los demás muertos tumbados en camas de hospital, "demasiado humo". Tú no te quejarás porque nunca lo haces, e incluso sonreirás cuando Dios, vestido con su bata blanca, venga a daros las pastillas para no soñar. Sólo yo sé que por las noches sales por la ventana y saltas de tu nube para tirarte al mar, y cuando se levanta el día tú amaneces con la barba chorreando mares, pero nadie te pregunta, porque a nadie le importas, allá arriba. A ti ya te parece bien, ¿verdad? 

El tiempo traicionó tu cuerpo, tus manos piernas y pelo, traicionó tu cabeza, traicionó tus recuerdos y nos traicionó a nosotros, tu vida, traicionó todo ese pasado construido a base de palabras esculpidas en las rocas de la costa. Las escribiste allí porque sabías que el mar se las bebería, si se las dejabas a mano.

Pero el tiempo no pudo traicionar tus ojos, las pupilas bailando nadando en tu agua. Porque por supuesto el mar te entró a ti también por los ojos, y como yo, no te diste cuenta enseguida. Pero ahora ya lo sabes, y lo supiste de mí mucho antes que yo.

Yo tenía miedo a mirarme en el espejo por no ver la estaca que llevaba tan clavada en el pecho, pero tú me arrastraste y desde el otro lado me dijiste: "llevas el mar en los ojos, no llores porque entonces las lágrimas te los llenarán de agua dulce, y el agua dulce es para grumetillos". Luego te escondiste tras el margen del espejo, siempre andas escondiéndote tras los márgenes de los espejos o las visagras de las puertas o las ranuras de la madera de los balcones, cuando en el cielo los ángeles se despistan y tú te puedes escapar.

Nos miras desde tu ausencia, yo sé que estás allí y te guiño un ojo sin que los demás se den cuenta. Me sonríes con tu sonrisa socarrona que por supuesto no te han sabido robar, y yo te digo "eres un saco de malicias", como me decías tú cuando apenas te llegaba yo a la altura de las rodillas.

Mireia Lozano (2)

La palabra
no
me sirve.
La voz se desgarra
vertiendo al vacío
su sentido.
Mis pestañas se sellan,
dejándome a oscuras.
Mis piernas
echan raíces retorcidas
en esta habitación inmóvil.
Tan solo
tan
solo oigo
el horrible cerrar de la puerta,
tus pasos perdiéndose
en la calle del mundo.

Mireia Lozano

Los árboles lloran el invierno

yo ya no lloro nada.

La angustia gatuna

ronronea en mis rincones

para no pasar frío,

para no dejar que me olvide

que el tiempo se suicida por mi tardanza. 

No puedo abrir la ventana

vomitar el deseo.

No puedo partir,

o no quiero. 

Me encierro

con este olor agrio

a gato muerto

a cansancio de delirio. 

Julia Ramos (2)

Tiene pinta de mujer.

Está sentada en un banco, en la postura del indio,

y juega a escribir su nombre con el dedo en sus botas negras de ante.

Está oscuro, la calle iluminada por los coches intermitentes

y las farolas más viejas del mundo,

las que han iluminado siempre esa calle.

 

Se para un coche rojo,

ella sube y no dice nada y se pone el cinturón.

En su cabeza sólo esa canción que lleva tarareando todo el día,

y casi no se da cuenta de que el coche avanza.

Las luces del túnel le acarician las mejillas,

y a cada curva se inclina exageradamente hacia los lados,

y se aguanta con las manos al asiento, como si fuera a caer.


Ya ha perdido sus pintas de mujer.

Las ha dejado en el banco, para encontrarlas la noche siguiente, 

Y el coche acelera en silencio, mientras las luces del túnel le siguen abofeteando las mejillas.